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Antonio y su mundo de engaños

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No era como hablaban lo que a Antonio le llamaba la atención, sino la forma en que actuaban y sobre todo la forma en que lo miraban cada vez que se daba la vuelta. Ellos pensaban que no se daba cuenta, pero cada vez más iba siendo consciente de que no era precisamente del agrado de sus compañeros de trabajo.

Por otra parte en realidad tampoco le importaba demasiado, ya que él tenía su vida propia y lo último que necesitaba era hacer amigos en un centro donde no llegaba a encajar ni realmente se sentía a gusto.

El caso es que fue pasando el tiempo y cada vez le hacían más el vacío, y aunque Antonio en principio no se preocupaba, poco a poco fue empezando a molestarle de verdad, ya que le hacía sentirse como un bicho raro. Por otra parte, el día a día lo pasaba en el trabajo y tan sólo tenía los domingos para poder hacer vida social, pero se nos pasaba encerrado en casa desde que fue atracado y recibió una brutal paliza hacía dos años. Tenía verdadero miedo a salir a la calle.

Esto hizo que Antonio cambiase mucho su comportamiento, en especial para con los demás, aunque él en realidad no era consciente ya que pensaba que simplemente se había vuelto un poco más introvertido.

El caso es que un día se le acercó uno de los compañeros de trabajo, uno de esos que más lo criticaban y que el más odiaba, y le preguntó que cómo estaba. Antonio pensaba que lo que pretendía era burlarse de nuevo de él, por lo que decidió no contestarle y se fue directamente al baño. De repente, al mirarse en el espejo se dio cuenta… ¿Cómo no había sido consciente antes?, De la paliza que le dieron llevaba una herida enorme en el cráneo y su indumentaria, llena de contrastes y colores chillones, no le ayudaba a parecer una persona normal… El caso es que nos había dado cuenta hasta ahora, pero ya era tarde para cambiar.