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Compañeros de trabajo

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Sucedió hace como dos años en el lugar donde ella trabaja y desde entonces no se ha vuelto a repetir. Los hechos fueron tan repetitivos y claros que estuvieron por ponerse en contacto con un conocido programa de televisión que trata estos casos.

Estando una noche haciendo guardia sanitaria en aquél viejo hospital, mi novia se despertó asustada. Eran extraños ruidos, provenían de la parte del almacén, donde se guarda el material. Pero no sólo eran ruidos.

Eran llantos de niño!

¿Cómo podía ser aquello? Allí no había niños.

Pero lo que verdaderamente asustó a mi novia fue que a las tres de la mañana, algo o alguien llamaba tocando con sus nudillos en la enorme puerta metálica del almacén que daba entrada a los furgones y que ahora estaba cerrada a cal y canto.

¿Quién puede ser? Es imposible. Recinto cerrado a cal y canto. Con guardia de seguridad, garita y barrera en la puerta, nadie puede haber ahí fuera. Nadie.

Vuelven a llamar. Eran golpes seguidos y firmes.

En las cámaras de seguridad no se ve nada ni nadie.

Al día siguiente, comentándolo con los compañeros de la mañana, uno de ellos confiesa ser adicto al espiritismo, más concretamente, a la ouija. Y declaró haber tenido serios problemas por ello. Dice que desde hace un tiempo no lo dejan en paz, que no obtiene descanso allá donde va. Y señalando a una esquina, le dice a mi novia:

“Allí hay uno, sentado, mirándome”

“Yo no veo nada”- Le replica ella.

Cuando este chico se marchó hacia otro destino laboral, todos los extraños fenómenos desaparecieron.