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El camino sin salida

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Ya había llegado la hora, y los cuatro amigos se disponían a salir de viaje con una caravana en busca de nuevas aventuras y de conocer el país mejor.

Todo estaba preparado, la comida necesaria, la ropa para los días de frío que se avecinaban y una buena reserva de combustible para evitar sustos.

Los primeros kilómetros se fueron pasando fenomenal; canciones, historias y todo tipo de comentarios que hacían que la unión entre las dos parejas fuese cada vez a más. Durante cuatro días todo fue fenomenal, ya que iban conociendo nuevos lugares fantásticos con los que ni tan siquiera habían soñado antes, pero llegó el viernes, un día en principio como otro cualquiera, pero que trajo un problema, y es que la caravana acabó estropeándose a mitad de camino.

En un lugar tan apartado, era imposible tener conexión con el teléfono móvil, por lo que Antonio y Pablo cogieron las bicicletas que llevaban para dirigirse a una gasolinera que habían pasado hace un rato. Mientras tanto, María y Paula se quedaron en la caravana preparándolo todo para poder almorzar cuando los muchachos llegasen, buscando ramas, preparando la carne y encendiendo una buena fogata que a la vez les ayudaría a calentarse.

Finalmente Pablo y Antonio llegaron a la gasolinera y pudieron pedir una grúa. La esperaron para poder indicarle el camino y ahorrarse toda la vuelta.

Las chicas ya lo habían preparado todo y estaban junto al fuego cogiendo un poco de calor, en el momento en que vieron cómo la grúa comenzaba a acercarse y se paró. Al principio les sorprendió que sus parejas hubiesen decidido volver en las bicicletas en lugar de en la grúa, pero lo importante es que todo ya se iba a solucionar. Mientras se cargaba la caravana, María pudo observar un rastro de sangre en los asientos interiores de la grúa, y mirando un poco más abajo, pudo apreciar lo que parecía un resto humano. Al volverse a su amiga, ya era demasiado tarde. Aquél hombre llevaba su cuerpo inerte cogido del cabello, ya era inútil escapar.