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El cuarto de las cucarachas

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Raúl aplastó con fuerza a la cucaracha. Su esqueleto y restos de órganos se quedaron pegados entre el suelo de su piso y la suela de su zapato. Raúl odiaba las cucarachas y en su barrio de Miami había una auténtica invasión ese verano.

El hecho de no tener aire acondicionado en el piso de alquiler y de que Raúl no fuera un obsesionado de la limpieza, sólo hacía que agravar la situación, lo que significaba una atracción irrefrenable para las cucarachas.

Justo antes de acostarse vio otras 3 cucarachas en la cocina, a las que pisó de nuevo con rabia casi desquiciante y entre maldiciones se fue a dormir. Al día siguiente comenzaba el turno a las 6 de la mañana y quería dormir un poco para afrontar una nueva y penosa semana.

En cuanto se tumbó en la cama se durmió, apaciblemente, soñando con esa camarera que todas las mañanas le mira a los ojos más tiempo de lo considerado normal para con un cliente. Soñó con que acercaban los labios y se besaban, casi sentía sus labios carmesí en contacto con los suyos.

El sueño era muy real, demasiado real. Abrió los ojos y vio una cucaracha trepando por su boca. Repugnado, la apartó de un manotazo y con un grito que llegó a avergonzarle. Cuando encendió la luz casi le da un infarto. En la cama había por lo menos una veintena de cucarachas y el suelo de su habitación estaba completamente cubierto.

De un salto salió de la cama infestada y aún con los pies descalzos hizo explotar todas las cucarachas que pudo. Eran enormes. Raúl corrió hasta la puerta de la calle, pero estaba cerrada, ¡estaba atrapado! Fue hacia las ventanas, ya que vivía en un primer piso y el salto podría no hacerle demasiado daño. Pero las ventanas estaban completamente cubiertas por cucarachas. Intentó apartarlas cuando una de ellas le mordió, ¡las cucarachas le atacaban!

Corrió de nuevo al cuarto de baño. Con agua podría defenderse y tenía una manguera con la que regaba el jardín, pero el agua tampoco funcionaba. En lugar de salir agua por el grifo, salían cucarachas.

Raúl se resbaló y cayó sobre la bañera. Las cucarachas se abalanzaron sobre él. Le mordían la piel, los pies, las uñas, el pelo, la cabeza. Una cucaracha incluso le comenzó a morder los ojos. Lo último que consiguió sentir es a una cucaracha entrar por su boca y comenzar a devorarlo, literalmente, desde su interior. Cientos, miles de cucarachas, se abalanzaron hacia su cuerpo.