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El sótano de la tortura

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Yendo tranquilamente por la ciudad, Manuel y Susana intentaban encontrar un buen piso en el que entrar a vivir en el plazo de un par de meses, pero lo cierto es que no encontraban nada interesante. O era excesivamente caro o simplemente estaba en malas condiciones por el paso del tiempo.

Se sentaron en la terraza de una cafetería y comenzaron a comentar el tema. A todo esto que un hombre de avanzada edad se sentó en la mesa contigua y les comentó que él conocía una casa que se encontraba en bastantes buenas condiciones, pero que tenía un inconveniente, y es que estaba a las afueras de la ciudad, justo por donde pasaba el río.

Manuel y Susana lo comentaron y les pareció buena ida ir al menos a verlo. Quedaron para esa misma tarde y se dirigieron al lugar.

Al llegar pudieron ver que la zona no estaba en demasiadas buenas condiciones; la hierba había crecido en exceso y costaba llegar a la puerta de entrada, pero una vez dentro, se encontraron con una casa fantástica. Cierto que era ya algo vieja, pero estaba muy cuidada.

Finalmente decidieron quedarse en el lugar y pagaron al hombre por unos meses. Durante un par de semanas fueron arreglando el exterior y lo cierto es que eran muy felices, pero una tarde encontraron una puerta oculta tras un mueble y bajaron a ver qué había. Cuál fue su sorpresa cuando en el interior de la habitación encontraron un montón de cadáveres apilados y herramientas de tortura de todo tipo. Al intentar subir, la puerta se había cerrado, y el viejo estaba ahí, impasible, mirándolos…