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La escalera de la tercera dimensión

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Era el primer día del mes de Enero del año 1976 cuando Rebeca pasó la primera noche en su nueva casa, que había comprado con ayuda de los pocos ahorros de los que disfrutaba.

Aquel edificio había sido reconstruido, aunque Rebeca no lo sabía, tras un enorme incendio y solamente pudo conservarse del mismo una escalera que parecía superar el paso de los tiempos, aunque lucía con un aspecto ciertamente inquietante para todo tipo de visitantes.

En el ático de un edificio bastante viejo, y en la última calle de un pequeño pueblo de Burgos, vivía la joven Rebeca en la compañía de su bebé recién nacido. Había tenido una intensa relación amorosa pero ésta terminó y el padre había decidido que no quería saber nada de ella, para rehacer su vida en su país de origen, Holanda.

Rebeca era una mujer feliz pero tenía ciertas dificultades para llegar a final de mes, pese al buen sueldo del que disfrutaba. Sin embargo, sentía que contaba con una vida bastante completa y podía permitirse, por ejemplo, disfrutar de algo más de 2 meses de vacaciones cada año porque era maestra.

Estaba recuperando la sonrisa que había perdido en la compañía de un compañero de trabajo que había conocido poco antes de mudarse a Burgos, y se mostraba feliz, sonriente al mundo y cargada de expectativas.

Como cada mañana, acudió al ascensor de su edificio para dirigirse a la planta baja del mismo y poder así, acudir a su puesto de trabajo en el colegio en donde enseñaba. Sin embargo, algo inquietó sobremanera a la joven Rebeca al percatarse de una extraña sombra y una serie de ruidos en la escalera que comunicaba al edificio.

Decidió que tenía que saciar su curiosidad y contemplar, con sus propios ojos, de dónde provenían aquellos extraños ruidos que parecían pertenecer a otra dimensión desconocida. Por lo tanto, abrió la puerta de la escalera y accedió a la misma, para ir subiendo escalón a escalón hasta el último, pero allí no había nadie.

Cuando comenzó el descenso, los ruidos extraños retomaron y algo agarró con muchísima fuerza a la joven Rebeca para llevarla consigo. La curiosidad de Rebeca y su afán de conocimiento la llevo a conocer dimensiones desconocidas. Desde aquel día, ninguno de sus vecinos volvió a verla nunca más y solamente se pudo recuperar su bolso y las llaves de su vehículo.