Usamos cookies propias y de terceros para mostrar publicidad personalizada, consideramos que usted acepta su uso al navegar por el sitio. Información
envia

La huida hacia ninguna parte

» » La huida hacia ninguna parte

Si de todas formas, pensárselo dos veces no valía para nada. Se encontraba en la situación que se encontraba y no había otra solución que seguir el sendero hacia delante.

La oscuridad iba cayendo, y cada vez se hacía más difícil orientarse y ver si había otros caminos que le llevasen de vuelta a casa. Todavía se encontraba aturdido por el golpe que aquellos delincuentes le dieron para robarle el coche, y eso no acompañaba precisamente.

El caso es que la oscuridad también tenía su lado positivo… esa gente ya no lo encontraría, además de que si había alguna casa por los alrededores, seguro que tendrían una luz encendida y ya estaría salvado.

El frío se hacía latente, y cada vez más notaba que sus pies dejaban de tener la sensibilidad necesaria para poder seguir adelante. Por ello decidió descansar un rato al pie de un árbol frondoso que encontró durante su caminata. Habían pasado varias horas y no tenía ni idea de dónde se encontraba, por lo que quizás sería mejor dejarlo para el día siguiente.

Poco a poco iba recuperando la sensibilidad de sus pies, y de repente, volvió a escuchar esos pasos que le perseguían. Los delincuentes parecían decididos a darle caza, y no podía permanecer allí por más tiempo.

Se levantó y justo en ese momento, sus pies volvieron a fallar, cayendo al suelo y golpeándose la cabeza. Ya estaba perdido cuando, de repente, vio pasar las sombras, pero no eran normales… Pasaron frente a él sin mirarlo, y, estando tumbado en el suelo, pudo apreciar que debajo de la ropa que llevaban puesta no tenían piernas.