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La leyenda urbana de la finca homicida

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Como sucede con todas las leyendas urbanas, la de la finca homicida está basada en hechos reales, pero es imposible de demostrar, salvo para aquellas mentes suficientemente abiertas como para asimilar hechos inexplicables y darlos por válidos.

La finca homicida es una leyenda urbana nacida nada menos que en los departamentos de policía de cada ciudad. En cada zona existe un registro de los lugares más peligrosos donde vivir. En este sentido, se calcula también la cantidad de muertes que se producen, ya sea de forma natural o por otro tipo de causas, en un mismo bloque de edificios.

Según la leyenda, en cada ciudad hay una finca que sobresale de las estadísticas y donde las muertes no siempre son fáciles de explicar. Como es lógico, los precios de alquiler y venta de estas viviendas son mucho más económicos y, aunque los responsables de la inmobiliaria están obligados a decir el pasado de una finca, no tienen por qué hacerlo si no se les pregunta.

Mi amigo Juan sí que les preguntó y los agentes reconocieron que en dicha finca se habían producido muertes inexplicables. De hecho, sucedía una vez al año. Alguien se caía por las escaleras, tenía un infarto en el patio sin explicación lógica porque estaban sanos o también se producía algún ataque por robo o atraco, ya que al haber pocos inquilinos muchos delincuentes aprovechan para hacer allí sus fechorías.

Al final Juan se animó a alquilar un piso para él sólo, el precio era inmejorable y se acababa de divorciar, así que no necesitaba mucho espacio. Aunque me invitó en varias ocasiones nunca veía buen momento para ir. Menos cuando me contó hace unas noches que oía ruidos extraños en la escalera. Los vecinos, dos parejas de ancianos, le dijeron que ellos también lo habían oído, pero no se atrevían a salir.

Una noche me llamó a altas horas de la madrugada, algo exaltado, diciendo que había oído ruidos y que iba a salir a ver qué era. Había llamado a la policía, pero no habían llegado.

No sé muy bien cómo explicarlo porque ni siquiera la policía ni los detectives supieron decirme nada. Pero esa fue la última vez que vi a mi amigo Juan. Cuando fuimos a su piso encontramos la puerta abierta y una señal escrita en el suelo con algo parecido a un cuchillo. La señal decía: “CORRED”.