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La mano del muerto

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En el Lejano Oeste, el poker formaba parte de la cultura de los cowboys lo mismo que el whisky, la pólvora, los salones o la muerte. Muchos de los caídos entre los forajidos y criminales del “Wild Wild West”, soltaron su último suspiro mientras estaban fumándose un puro, bebiendo bourbon y disputando una partida de poker. Y esa mano, la última antes de pasar a mejor vida, es la que se conoce como la mano del muerto o “dead man’s hand”.

El mundo del poker está lleno de supersticiones y cada uno tiene sus propias manías pero la mano del muerto es la que produce escalofríos hasta al jugador más frío y calculador.

La mano del muerto forma parte del funcionamiento del poker desde finales del siglo XIX pero ha ido cambiando hasta llegar a la leyenda actual. En 1903, por ejemplo, la “Enciclopedia de Supersticiones, folklore y ciencias ocultas” recoge que la mano de la muerte está compuesta por jotas y sietes, y unos años después se encuentran menciones que hablan de jotas y ochos. Sin embargo, en los años 20, la publicación de la biografía de Wild Bill establece la mano que jugaba el pistolero cuando dio su último suspiro como la auténtica “dead man’s hand”, aquella que todo aquel que quiera aprender a jugar al poker debe respetar y temer.

James Butler “Wild Bill” Hickok es uno de los criminales más populares de la época del Oeste norteamericano. Acumuló 36 muertes –conocidas- hasta el día en que se encontró con la suya propia. Fue en el salón Nuttal & Mann de Deadwood en Dakota. Jack McCall entró en el local mientras Wild Bill se hallaba en medio de una partida de poker y le disparó por la espalda el 2 de agosto de 1876.

La leyenda dice que Wild Bill cayó al suelo sin soltar las cartas que jugaba: los dos ases y los dos ochos negros. La quinta carta es un misterio.

Algunos dicen que la quinta carta era un nueve de diamantes, otros que era la J del mismo palo y, según el biógrafo de Wild Bill, Joseph Rosa, la historia de quienes estuvieron presentes en el momento del asesinato del “salvaje Bill”, la quinta carta que sostenía era la reina de corazones con una mancha de su propia sangre. Incluso hay quien afirma que nadie sabe cuál era la última carta porque el pistolero murió mientras la robaba, por lo que ni siquiera él mismo llegó a ver cuál era. En cualquier caso, parece claro que era una carta vacía, irrelevante, ya que la mano de Wild Bill, con la doble pareja, era la ganadora.

Wild Bill no pudo disfrutar de su triunfo y cayó muerto mientras agarraba con fuerza las cartas que se convertirían en la maldición del poker. En Las Vegas, la insignia de la división de homicidios de la policía es una imagen de los ases y ochos negros junto a una carta cubierta que recuerda en la capital del juego que, cuando aparece esa mano, es que antes ya ha pasado por allí la muerte.