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La verdadera vida de Francisco

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Eran las cinco de la madrugada, y Francisco no había conseguido todavía conciliar el sueño. La verdad es que desde hace un tiempo se pasaba las noches despierto debido a los ruidos que escuchaba, pero lo curioso es que al día siguiente no se encontraba cansado en absoluto.

De nuevo se levantó con el objetivo de prepararse para el trabajo y salió un poco antes para llegar tranquilo. Lo que más le llamaba la atención estos días es que a esas horas no conseguía ver a prácticamente nadie por la calle.

Una vez finalizada la jornada de trabajo volvió de nuevo a su casa, preparó la cena y se puso a ver un rato la tele. Se aburría así que decidió mirar unas viejas fotos que tenía clasificadas en sus álbumes, porque Francisco era exageradamente ordenado. Los fallecidos en su familia los ponía en un álbum concreto y ordenado por fecha de fallecimiento, a los vivos los metía en otros clasificados por fechas y con marcas para saber de qué tema iba en cada uno.

Cuando ojeó el álbum de las personas que ya no estaban aquí, se fue dando cuenta de que por algún error, había varias que estaban mal clasificadas.

–          ¿Mi tía Adelina? Pero si el sábado estuve con ella. ¿Por qué la habré puesto aquí?

–          ¿Y a Eufrasio? No sé en qué estaría pensando cuando hice la clasificación, quizás el cansancio está empezando a hacer mella.

Por ello se propuso de nuevo a organizar los álbumes para que todo estuviese correcto, hasta que llegó a la foto de su padre. Ahí un algo le recorrió todo el cuerpo, ya que falleció cuando él era pequeño, pero de pronto recordó que también lo había visto el sábado