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La vuelta de María y Pablo

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Pablo y María estaban preocupados por cómo se encontraron la casa a su vuelta de la Luna de Miel. El caso es que si ya habían entrado a robar, es posible que pudiesen hacerlo de nuevo en cualquier momento y, lo que es peor, cuando ellos se encontrasen dentro de la casa.

Lo más curioso del tema es que no faltaba nada de valor. Simplemente se habían dedicado a destrozarlo todo. Según les comentó la policía, lo más probable es que se tratase de unos delincuentes que tan sólo entraban a destrozar y comerse la comida, y que ya había ocurrido en otras ocasiones en otras viviendas de la zona.

La mayor preocupación era que en el pueblo, todas las casas se encontraban separadas por kilómetros, y el vecino más cercano era un matrimonio mayor que en el caso de haber problemas, tampoco los iban a poder ayudar.

Las medidas que tomaron fue proteger la casa al máximo y hacerse con varios perros para que avisasen con antelación en caso de que pudiesen volver a aparecer.

Paseando el vecino cerca de la zona, escuchó a los perros ladrar una tarde cuando ya estaba oscureciendo. Se dirigió rápidamente al lugar para ver si todo estaba bien, pero cuando llegó tan sólo pudo ver sangre y algunos restos de los animales. Al entrar, todo de nuevo destrozado y apenas algunos vestigios de los vecinos.

Salió corriendo a buscar ayuda, pero el problema es que cuando llegó a su casa para llamar a la policía, una gigantesca criatura ya estaba esperándole con el cuerpo de su mujer inmóvil entre las mandíbulas.