Usamos cookies propias y de terceros para mostrar publicidad personalizada, consideramos que usted acepta su uso al navegar por el sitio. Información
envia

Nada es lo que parece

» » Nada es lo que parece

La verdad es que me gustaba bastante hacer deporte, pero debido a la lesión que tuve en el último partido que jugaba contra mis amigos, me vi obligado a parar durante un tiempo.

No obstante, en cuanto empecé a recuperarme tomé la decisión de salir a caminar para ir fortaleciendo los músculos de nuevo y empezar cuanto antes con el ejercicio físico. Siempre solía salir sobre las cinco de la tarde, pero aquel día empezó a hacerse tarde en el trabajo por lo que finalmente salí sobre las 11:30 de la noche.

Empecé como siempre paseando por toda la acera de las viviendas que tenía cerca de mi casa, hasta que finalmente me adentré a la zona del bosque, siguiendo por la carretera.

Cuando ya llevaba un buen trecho andado, observé a lo lejos varios hombres que imaginaba que estarían también paseando, aunque lo cierto es que me sorprendió que a esas horas hubiese más gente por aquella zona.

De todas formas, como no pasaban coches, tampoco era un lugar peligroso. Conforme me fui acercando más, puede ver que uno de ellos estaba en el suelo, y al estar a apenas unos metros, observé que los otros dos estaban robándole y el cuerpo del tercero estaba lleno de sangre.

Llame al momento a la policía y me acerqué justo cuando los delincuentes desaparecieron, sin hacer ademán de percatarse de mi presencia. El hombre, tendido en el suelo y dando su último aliento, me dijo con una voz floja justo antes de morir que vengase su muerte.

En apenas unos minutos empecé a oír las sirenas de la policía, y me volví para hacerles señales y que pararan donde estaba. Esto fue tan sólo unos segundos, y al volver de nuevo mi cabeza, el cadáver ya no estaba y la sangre había desaparecido.