Es la historia de dos hermanas, Camila de 16 y Carlota de 14… Ellas siempre eran de ver películas de terror, y de jugar con cosas relacionadas con el ocultismo, sinceramente desde pequeñas han llegado a ver, sentir y oír cosas que otros no pueden, su madre siempre las regañaba, les decía que dejaran de mentir y de asustar a sus compañeros de clase. Esta es la historia de dos niñas que al negarle sus habilidades buscan la manera de que su madre les crea, pero su manera de hacerlo no dio como resultado lo que ellas esperaban.

Si no puedes hacer que ellos vean lo que tu vez atrás del velo de la muerte, entonces debes buscar la manera de traer aquello que no se deja ver por otros y solo pueden verlos los que poseen esas habilidades, solo debes tener cuidado, porque no siempre traerás algo bueno al lado de los vivos.

Camila desde pequeña jugaba con su amigo imaginario Amon, cuando su hermanita Carlota comenzó a ser más independiente, fue capaz de verlo también, siempre le daba miedo, aun cuando Camila lo llevaba siempre con ella a todos lados, Carlota no podía acostumbrarse a él.

Pasado los años, en que las niñas sentían, y veían cosas que otros no, su madre fue luchando con ello constantemente, no podía entender la imaginación o mentiras diarias que ellas contaban y no solo a ella. Más de una vez recibía quejas de las maestras porque sus hijas asustaban a los niños con historias aterradoras.

Ya siendo más grandes, Camila ya no podía soportar que su madre no le creyera y la castigara injustamente, Carlota era más reservada, y prefirió llevar la fiesta en paz, con su madre. Pero entendía que no podía dejar sola a su hermana, y menos cuando ese ser que fue su amigo imaginario solo crecía como la ira de su hermana hacia su madre.

Cuando Camila tenía solo 16 años, comenzó a ser más dependiente de Amon, hacia lo que él le proponía, y decía lo que él le mandaba a decir. Siempre la mandaba a gritarle a su madre, a hacerle maldades a sus compañeros y tratar de persuadir a Carlota para que entrara en su juego constante.

Mucho antes de que Camila cumpliera los 17, tuvo una de las mayores peleas con su madre por decir que su padre había contactado con ella y quería hablar con su madre, esto fue un golpe duro para la madre de las niñas, como su propia hija iba a usar a su padre para una de sus tantas mentiras.

Camila termino con la marca de la mano de su madre en su mejilla y la sensación de ira creciente en su interior, llorando le pidió a Amon que la ayudara a hacer ver a su madre lo que ella y su hermana han visto por años, él le pregunto si sería capaz de hacer todo lo que él le ordenara a cambio de ese único deseo, Camila accedió sin pensar en nada.

Luego de eso ella fue a comprar una tabla ouija, tiza negra y velas de color negro, rojo y azul, Siguiendo las especificaciones del ser que siempre ha estado con ella. A parte Amon le exigió que su hermana debía de estar presente en la sesión. Pasado unos meses, Carlota para sacarse a Camila de encima accedió a participar en esa sesión sobrenatural con la promesa que sería la última vez en que participaría en una sesión de este estilo.

Fueron al sótano de su casa, Amon susurraba en el oído de Camila el sello que debía dibujar en el piso, luego le indico como debía colocar las velas, para dentro del sello colocar la tabla. Cada hermana se colocó una enfrente de la otra, Amon indico que debían pinchar cada una la punta de sus dedos y echar una gota de sangre en medio de la tabla, y colocar el vaso boca abajo tapando la sangre derramada.

Todo empezó casualmente, las niñas no solo sentían la sensación de algunos entes sobrenaturales, podían mirar las sombras y oír los susurros. Pero la meta no era contactar con una entidad del más allá, el objetivo de Camila era traer algo del otro lado al plano físico para así hacer ver a su madre que no estaba loca ni tampoco era una mentirosa.

Cuando llego el momento de la invocación, Amon les fue indicando a las niñas lo que debían decir, el mantra se debía repetir tres veces y luego derramar sangre de un inocente. Carlota no comprendió esa parte hasta que vio como Camila se le lanzo encima con una daga en la mano, clavándola en el medio del pecho de su hermana sin ninguna contemplación, con una ira desbordante y convicción de que, hacia lo correcto, y luego Amon le pidió que dijera el Nombre de la entidad a la que Camilia debía dar la bienvenida al mundo de los vivos.

Amon se acercó y susurro en el oído de Camila “Mammon”, que lo repitiera alto y claro. A su lado observo como Amon fue cambiando su forma hasta obtener la forma de un ente oscuro, con un olor putrefacto, dientes afilados y garras en sus manos. “Gracias Camila por decir mi nombre”.

Esto fue lo que me contó la señora internada en la habitación 63 del asilo en que trabajo. Muchas de las enfermeras, me dicen que no crea en todo lo que dice, que es una mujer que se culpa por no haber detenido a su hija mayor en sus delirios de esquizofrenia, ocasionando que matara a su hermana menor en uno de sus arranques de locura.

Pero sé que esta historia no es solo contada por ella tras el clamor de su culpa. El nieto de la interna de la habitación de al lado, me ha dicho que junto a la señora que cuenta esta historia, se encuentra la figura de un hombre con dientes afilados y manos con garras.