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¿Por qué no me ayudas con las bolsas?

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Pablo siempre ha sido una persona de gran corazón, y sobre todo ha destacado en la comunidad por ayudar a las personas que más lo necesitaban. Esta situación no iba a ser distinta cuando se mudó a otro pueblo ya que en su lugar de origen no conseguía encontrar un trabajo con el que poder mantenerse.

Sin embargo, las cosas no iban a ser como él esperaba, ya que la gente de aquel lugar era bastante seria y aparentemente poco agradable. Sin embargo, Pablo supo hacerse un pequeño hueco y encontró una vivienda que aunque fuese de pequeñas dimensiones le sobraba para poder vivir de forma digna.

Una vecina suya, Margarita, enseguida comenzó a convertirse en su amiga. Se trataba de una mujer de avanzada edad que aunque podía andar generalmente presentaba bastante dificultad para poder subir y bajar las escaleras, ya que el edificio era muy viejo y no disponía de ascensor.

Pero sin duda alguna esta era una oportunidad fantástica para Pablo para poder volver a ayudar a las personas de su entorno, y por ello quedaba siempre en que cuando realizase la compra y fuese a subir a casa lo llamase y él se encargaría de ayudarla.

Durante muchas semanas bajaba con gran agrado y cogía las bolsas con una mano y a la mujer con la otra, y una vez en su casa la anciana le invitaba a un café con unas galletas, a lo cual Pablo accedía muy gustosamente.

Sin embargo, un día se encontraba hablando con otro de los vecinos y le comentó que se podría buscar un sistema para mejorar la calidad de vida de esta mujer y que pudiese subir y bajar más cómodamente.

Cuál sería su sorpresa cuando el hombre le dijo que en esa casa hacía años no vivía nadie, y que la mujer de la que hablaba falleció unos 10 años atrás.