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Siempre que me busques, me ecnontrarás

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Después de muchos años juntos, la trágica enfermedad de Lorena la acabó convirtiendo en un vegetal, y Paco no sabía cómo actuar para evitar su sufrimiento. Tal era su enajenación que un día decidió coger un cuchillo y acabar con lo que él consideraba que era una vida perdida.

No pasó un solo día de aquello que no se arrepintiese de su decisión, pero ya estaba hecho y no existía forma alguna de volver atrás. Tenía que deshacerse del cuerpo, además de explicar a los amigos y familiares algo tan complicado como que una persona que estaba en estado vegetativo había conseguido levantarse de la cama y desaparecer, por lo que decidió meter el cuerpo en el maletero del coche y alejarse tanto como pudiese.

Su intención era enterrarlo a cientos de kilómetros del lugar y seguir adelante, sin rumbo fijo, con el objetivo de que nadie pudiese encontrarlo.

Todo fue bien, en la primera parte del camino, hasta que llegó a un lugar apartado donde pensó que sería el lugar ideal para que los restos de su amada pudiesen descansar. Sacó el cuerpo y la pala del coche y se dispuso a cavar un hoyo profundo.

Unas horas después ya estaba todo terminado, por lo que decidió subir de nuevo al coche y seguir su camino en busca del olvido.

Pero lo que no esperaba era que pocos minutos después, pudo sentir que alguien se encontraba en el maletero, y que golpeaba con la intención de salir de él. Pensó que se trataría de algún animal que había entrado sin que se diese cuenta, y al abrirlo tan sólo pudo ver el cuerpo de su amada, esta vez viva, que con voz temblorosa y amenazante le dijo “siempre que me busques, me encontrarás”.