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Un colegio con presencias

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En la región de Michoacán había un colegio que, hasta la fecha, apenas había contado con incidentes importantes. Sin embargo, todo cambió con la llegada a aquel colegio de una pareja de hermanos, pero nadie se percató con suficiente prontitud de lo que allí estaba sucediendo.

Una mañana de martes, el profesor Julián de Física decidió llevarse a clase una grabadora con la que poder escuchar diferentes ruidos que no podían ser escuchados por el oído humano por encontrarse en otras frecuencias. Como cualquier buen día comenzó la clase con sus alumnos, con la única presencia de la grabadora que fue puesta en marcha para comprobar qué registraba.

En un principio, fue una clase normal. Sin embargo, ruidos extraños pudieron ser escuchados por los alumnos, en una clase que permanecía cerrada al final de un largo pasillo de aquel colegio. Como los alumnos estaban francamente asustados de aquellos ruidos, el profesor Julián decidió acercarse a aquella aula para comprobar en el lugar, qué estaba pasando, pero no volvió a regresar.

Pasados unos minutos, los alumnos de Julián acudieron a la sala de reunión de los profesores para solicitarles ayuda, puesto que su profesor no regresaba a clase. Acto seguido, otro grupo de profesores fue en busca de Julián a la clase pero solamente encontraron las llaves puestas en la vacía clase y nada más.

Nadie más volvió a saber de aquel profesor, pero cuando se escucharon las grabaciones de aquella vieja grabadora que él mismo llevó, pudo comprenderse a la perfección que su voz estaba registrada y pedía auxilio.

Hoy día, pasados más de 25 años de aquel incidente bien lejano, ni los alumnos de aquella promoción, ni tampoco los profesores que eran compañeros de Julián quieren oír hablar de ese colegio, porque piensan que en él se encuentran presencias con intenciones malévolas. Y es que, aunque se ha intentado grabar un documental en el que mostrar al mundo ese viejo colegio, ahora abandonado y que por lo tanto, no se utiliza para impartir clase, los hay que afirmar escuchar voces y todo tipo de ruidos realmente extraños en su interior.

Si algún día te encuentras por Michoacán y caminando por sus calles, te encuentras con este viejo colegio abandonado, hazte el favor de no entrar a él para curiosear aunque escuches voces que te llaman, podría ser el Julián o quien sabe qué, aguardando en la oscuridad de los pasillos del colegio a una nueva compañía como por ejemplo, la tuya.