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Una deuda de por vida

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Hay deudas que seguimos manteniendo durante el resto de nuestra vida, y eso hace que nos persigan hasta que llegan a alcanzarnos y entonces es cuando comienza la pesadilla de la que nunca podremos despertar.

Mi pasado fue bastante turbio, y lo cierto es que no me puedo sentir orgulloso de prácticamente nada de lo que hice, pero sobre todo recuerdo uno de los sucesos del que en su momento me arrepentí y ahora tengo muy claro que ya es tarde para hacer nada que me permita volver a sentirme una persona viva.

La juventud hace que muchas veces cometamos locuras, y un día hace muchos años cuando apenas alcanzaba la quincena de edad, un amigo y yo fuimos a pasar la tarde en el río, y lo cierto es que ese chico nunca me cayó bien, y además envidiaba que él lo tuviese absolutamente todo en la vida y a mí me abandonasen hasta mis propios padres.

Por ello, en el momento en el que nos encontrábamos bajo el agua no pude resistir la tentación de coger una piedra del fondo y golpear su cabeza. Lo di por muerto, pero al poco me di cuenta de que intentaba subir de nuevo a la superficie, y entonces lo agarré con mis brazos hasta que dejó de patalear bajo el agua.

Todo estaba relativamente olvidado, pero de un tiempo a esta parte, esta deuda sigue persiguiéndome, hasta el punto que oigo su voz gritándome día y noche, e incluso llegó a ver su espíritu dar vueltas por la habitación y abalanzarse sobre mí, como intentando encontrar la manera de poder acceder al plano físico y estrechar mi cuello entre sus brazos hasta que yo mismo sea el que deja de patalear sobre la cama.

Se que por mucho que haga, mi deuda de por vida seguirá amenazante.