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Ya no queda nada de aquello

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En un camino tan largo como el que recorrimos, lo cierto es que esperábamos hubiese algo que nos diese a entender cuál era el objetivo en nuestra vida, pero por más que luchábamos, nunca conseguíamos averiguar qué era lo que hacíamos allí.

Todo comenzó varios años antes, cuando una experiencia nos hizo estar convencidos de que teníamos que encontrar un lugar, ese lugar que hasta años después no pudimos palpar con nuestras propias manos.

Parecía que todo había terminado en el momento en el que llegamos aquí, pero lo cierto es que había algo que estaba por empezar, y no entendíamos ni la razón de nuestra necesidad de alcanzar este punto ni el por qué de estar convencidos de que ya nunca íbamos a poder escapar.

Ahora ya es tarde para planteárnoslo, pero si somos francos, nunca habíamos tenido elección, y estaba claro que no había otro destino para nosotros que el de empezar una nueva vida que alguna fuerza nos empujaba a conocer.

Como si andásemos perdidos en un mundo paralelo, parecía que una mano poderosa era la que permitía que nunca nos faltase nada, sin tan siquiera tener que esforzarnos por conseguir aquello que necesitábamos, ya fuese comida o simplemente sentirnos vivos.

Era evidente que ya no nos encontrábamos en el mundo que habíamos conocido al nacer, y existían muchas probabilidades de que nunca más volviésemos a sentirnos vivos, pero aun así, no existía explicación ni objetivo para que nos estuviese ocurriendo esto.

A día de hoy seguimos sin saber la razón ni encontrar explicación alguna a lo que nos está ocurriendo, pero de algo sí estamos seguros, y es de que nuestro camino nos había llevado a algo en lo que permaneceríamos eternamente, y es muy probable que tan sólo la muerte pudiese acabar con todo lo que nos estaba ocurriendo pero, ¿y si ya estábamos muertos?