El granjero y los tokaebi

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En el continente asiático, se encuentra un pequeño pero imponente país, con paisajes hermosos, climas maravillosos y amplias tierras fértiles, se trata de Corea.

En un lugar precioso y apartado; de toda la civilización, los ruidos, gritos, contaminación y otros factores molestos; se encontraba una hermosa pareja, un hombre y una mujer que se casaron felizmente, mudándose a una hermosa casa con una pequeña granja que mantener entre ambos. Esta pareja llevaba una vida tranquila, alimentándose de sus propias cosechas, compartiendo con sus animales, realizando caminatas románticas. Sin duda un ejemplo del buen amor.

En la estación de verano, se encontraban aun más felices, el hombre se levantó temprano a buscar vegetales para un exquisito almuerzo que tenía planeado cocinar su mujer para los dos. Lleno de paz, regresa a casa, encantado aun mas, por el exquisito aroma del vapor que desprendía el arroz que cocinaba su mujer.

Una vez listo, marido y mujer se sientan a comer, el gran plato de arroz y vegetales. Cuando se ven interrumpidos por gritos, risas y sonidos intolerables, que se escuchaban afuera de su hogar. Sin duda preocupados, enfadados y asustados, debido a que era molesta y rara la presencia de alguna persona en su granja, ambos se acercan a la puerta para averiguar que estaba sucediendo en su propiedad.

Lamentablemente, la mujer reconoció el sonido de criaturas extrañas que merodeaban lugares hermosos y tranquilos, solo para molestar a aquellos que se encuentren en el. La mujer preocupada, advierte al esposo sobre esas criaturas, conocidas como los monstruos Tokaebis, le relata rápidamente que son criaturas de mal temperamento, fáciles de molestar y ofender, así que el debía tener cuidado con no ofenderles.

El esposo toma en cuenta la advertencia de su mujer, y rápidamente sale, viendo a los Tokaebis, quienes guardan silencio al verlo, pero su postura es intimidante y arrogante. El esposo sin pensarlo dos veces, les gritó, diciendo que deben abandonar su propiedad, ya que ellos vivían allí durante muchos años, y nunca molestaron a nadie.

Rápidamente uno de los monstruos Tokaebis, se alzo y paso entre los monstruos, burlándose del hombre, donde rápidamente bromeo con sus compañeros, diciendo:

“Este granjero idiota, cree que nos iremos de aquí, con solo pedirlo.”

En seguida provocó la risa de los otros monstruos, pero entre tanta risa y burla, aparece el de la voz de mando, para negociar con el hombre. Este le propone probar la sabiduría de su especie contra la suya, así que presentó un juego de preguntas, donde le indicó que solo se trataba de realizar una pregunta cualquiera, sin embargo, si el otro no contestaba, este resultaría el perdedor.

Si el perdedor era el hombre, los Tokaebis, se quedarían con la propiedad de la feliz pareja, pero si ellos perdían, simplemente se irían y no los molestarían más nunca. Esto altero al hombre y a la esposa, y enseguida se negó a realizar un estúpido juego, que pusiera en riesgo una propiedad que mantiene desde años atrás, junto a su esposa.

Así que los Tokaebis se siguieron burlando y destrozando parte de la vegetación que rodeaba el hogar del hombre. Pero estaba más que claro, los monstruos no se irán a menos que el gane el juego de sabiduría. Así que el granjero perdiendo todo el miedo, afirmo que si aceptaba el reto.

Los Tokaebis rápidamente se prepararon para presenciar esa batalla de sabiduría, a lo que uno de ellos grita rápidamente: “¡Yo primero!”. Y procede con su pregunta que fue la siguiente:

“¿Cuántos recipientes se necesitan para vaciar el mar?”

El hombre antes de perturbarse ante tal pregunta, piensa y medita en ella, a lo que posiblemente sería la respuesta más lógica. Y luego de unos minutos responde:

“Depende, si todo el mar cabe en ese recipiente, se necesitará solo uno, si en cambio, por ejemplo, cabe solo la mitad del mar, se van a necesitar dos recipientes para vaciar el mar.”

Los monstruos Tokaebis, gruñen impresionados por el preciso y gran análisis del granjero, y así mismo indignado el monstruo dice molesto:

“Es verdad, estas en lo cierto. Pero ahora hazme la pregunta a mí, que no te saldrás con la tuya.”

A lo que el hombre pregunta sin dudar, colocándose de perfil, con un pie fuera de su puerta y la otra dentro.

“Muy bien, ¿estoy entrando o saliendo de mi casa?”

El monstruo desconcertado por la pregunta, gritó.

“¡Es imposible saber eso! ¡Vámonos!”

Muy molestos movieron sus pasos fuera de la propiedad del granjero, dejando en paz para siempre a esta pareja, que con mucha sabiduría supo mantener su hogar lejos de las sucias manos de estos Tokaebis. Finalmente, impresionados del encuentro, calientan nuevamente su almuerzo, para un día más, vivir con total tranquilidad en la granja.